Wednesday, 7 October 2009

Don't cut out Sciences

Querida Victoria:

He de decir que me sorprendes. No te conozco demasiado, pero sé varias cosas que me han llevado a extrañarme. Sé que eres de letras, que defiendes la enseñanza del latín no sólo como algo obligatorio sino además, desde primaria. Conozco también tu aversión por el Plan Bolonia, porque según defiendes, menosprecia, ningunea, margina e incluso condena a la desaparición a los estudios de las Letras. Me consta que eres de las que piensa que en España se favorece a los estudiantes de ciencias frente a los de letras, que esas carreras están mejor consideradas social y laboralmente y que te molesta sobremanera que un estudiante que tarda ocho años en sacar Filosofía sea tildado de "vago pelanas" y que otro que tarda ocho años en sacar Químicas sea defendido con la expresión "es que es una carrera muy difícil".

Por eso ahora me resulta casi chocante que defiendas una iniciativa para aumentar el presupuesto destinado a las ciencias en España. ¿Me lo puedes explicar? Gracias.



Querida amiga:

¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Nada, dirá la mayoría. Algo, digo yo. Y es que, cuanto más tocino, más cuesta alcanzar velocidad. ¿O has visto alguna vez un cerdo correr más que un galgo?

Una cosa no está reñida con la otra. Puedo defender las Letras, indignarme porque se las esté condenando a la marginación y hacerme mala sangre porque estén peor consideradas sin motivos en distintos ámbitos. Sin embargo, también puedo cabrearme porque el Gobierno reduzca el presupuesto del Ministerio de Ciencia hasta un 37%. Y hay dos razones en ese cabreo. Una, la desfachatez, hipocresía y mentira descarada del Gobierno, que por un lado se pavonea de tener grandes científicos y promete mejoras en I+D y por otro no se corta en meter tijeras en el presupuesto del Ministerio de Ciencias (que tampoco es que fuera muy boyante). Y dos, el recorte en sí.

Porque en un país donde todavía la Iglesia del signo que sea (en este caso, principalmente la católica) recibe financiación estatal; donde los medios de suministro de información están vendidos al mejor postor político; donde los políticos roban, mienten, estafan y aun así, siguen siendo votados y defendidos; donde la Sanidad lleva un triste camino hacia la privatización; donde la Educación está en manos de esos mismos políticos, al vaivén de sus idas y venidas del poder, sujeta a los cambios que el Gobierno de turno estime necesarios para ganar votantes; y muchas más cosas que se me aturrullan en la mente y pugnan por salir, es más que necesaria que nunca la Ciencia.

No hay que ser muy listo para darse cuenta de que una sociedad sin el cultivo de las Letras es una sociedad ignorante, pero una sociedad sin el cultivo de las Ciencias es una sociedad condenada al fracaso.



Equilibren la balanza, señores gobernantes. No rompan el eje.