Wednesday, 21 January 2009

Bloody Morning

9:10 a.m. En ayunas.

Buenas
Buenas, ¿quería ver al médico?
Pues no sé, he venido a hacerme una analítica...
Sí, no hace falta. Espere ahí un momento que enseguida viene la A.T.S.

9:20 a.m. Esperando, aparece el que parece ser el médico.

¿Viene a verme a mí?
No, ha venido a unos análisis, está esperando a la A.T.S.
Bueno, no importa, yo los hago.

Unos momentos más tarde...

¡Pase!

Buenos días, dame tus datos y dime de qué quieres los análisis.

...

Siéntate allí, por favor. Mejor el izquierdo.
Vaya, así estoy muy pegada a la pared y no puedo volverme...
¿Te mareas?
No, pero no es agradable.
Bueno, mejor no mires, por si acaso.
Argh... Eso ha doli... No, qué leches, esto está doliendo.
Huy... Ha salido un chorrete, je je...
Mammamía...
Se ha puesto todo perdido, jajaja, parece esto la matanza de Texas, jajaja...
Ais, qué malita me estoy poniendooo...
Bueno, no pasa nada, ahora se limpia.
Ay, madre, cómo duele esto... Y qué mal me encuentro...
Ya. ¿Estás bien?
Pues... No...
¿Estás mareada?
Un... poco... @.@...
Bueno, tranquila. Aprieta aquí y respira.
Tengo la cabeza fría y los oídos taponados...
Túmbate ahí, ¿quieres un poco de agua?

¿Mejor?

Una semana después, todavía tengo un moratón en el brazo.
Pero he descubierto que tengo el colesterol alto.



Definitivamente, no compensa.

Thursday, 15 January 2009

Wacky Races

Primera clase: Soleado. Polígono industrial.
Segunda clase: Lloviendo. Línea exterior de la ciudad.
Tercera clase: Niebla. Polígono industrial.
Cuarta clase: Nublado. Afueras de la ciudad. Obras en la carretera.

Embrague. Primera. Acelera. Mantén. Suelta. Acelera. Cambia. Embrague. Segunda. Mantén. Acelera. Suelta. Derecha. Primera salida. Indica. Gira. Reduce. Acelera. Embrague. Cambia. Acelera. Mantén. Suelta. Derecha. Reduce. Cambia. Embrague. Tercera. Acelera. Mantén. Suelta. Reduce. Embrague. Cambia. Mantén. Suelta. Acelera...

ODIO el maldito embrague y los cambios.

¿Alguien sabe si es muy caro un coche automático?

Monday, 12 January 2009

Silence, shooting!

He recibido esto y me gustaría compartirlo, pues estoy totalmente de acuerdo tanto con su intención, como lo que en él se denuncia. Todo el que pase por aquí sabe que no soy dada a publicar correos ni "powerpoints" lacrimógenos. Esto es diferente.

El pasado 7 de mayo de 2008, el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez subió a recoger uno de tantos premios, el Ortega y Gasset que otorga el diario El País, ante la asistencia de un concurrido público. Entre ellos estaban la vicepresidenta del gobierno, el presidente del Senado, varios ministros, Esperanza Aguirre y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, además de todos los demás medios de prensa.

Pues bien, parece ser que no debió ser del gusto de tan ilustre público el discurso de Gervasio Sánchez cuando éste subió a recoger el premio, pues dicho discurso fue condenado al ostracismo y olvido de toda la prensa.

Así que, como la gran mayoría de medios no han querido publicarlo, lo ofrezco para que lo lean algunas personas más. Y cuando lo leáis, entenderéis porqué no han querido darle publicidad.

Discurso de Gervasio Sánchez, fotógrafo premiado.

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio “Ortega y Gasset” de Fotografía, convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto “Vidas Minadas”, al que pertenece la fotografía premiada, tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad. Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película “Cuentos de la luna pálida” de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles, desde el inicio de la transición, encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabricamos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King, me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.


Saturday, 3 January 2009

Development

Me despierto sola. Apenas son las cinco de la mañana y no estás. Me imagino dónde encontrarte, pero sé que no debo ir. Son tus momentos de soledad provocados por el insomnio. Los adoras. Aunque lo niegues, aunque te caigas de sueño por las esquinas. Es evidente que te gustan. Ni siquiera le pones remedio.

Puedo hacerme una idea de porqué no duermes. Agobios, presiones, estrés, proyectos por cumplir, sueños que se alejan... Pero no puedo saberlo si no me lo cuentas. Y ése es mi problema. Que no me lo cuentas. A MÍ no. Se lo dices a ella. Estáis juntos en esos momentos y es a ella a quien le sueltas todo lo que te guardas. Ves por sus ojos y ella por los tuyos.

Cuando te marchas no necesito preguntarte a dónde vas. Sé que te vas con ella, a gastar con ella las horas de las que no dispones. Todo el mundo me dice que no es para tanto, que no me preocupe, que ya se te pasará. Y en principio lo creí. Amistad de juventud, pensaba yo. Es lógico todo ese tiempo juntos, teniendo en cuenta todo lo que han vivido y el apoyo que ha sido para él, me decía. Pero no dejo de pensar en ella. Siempre ahí, en medio. Más que una amiga es una amante. Y es que no puedo evitar verla así. Una amante que me roba tu tiempo.

¿Acaso no podemos compartir esas horas nosotros? ¿Por qué no te confías conmigo? Yo lo hago. Te hablo y obtengo siempre la misma respuesta. Silencio. Ya lo sabías. Otro silencio. Sí, es cierto. Puede que esté confundiendo las cosas. Que las haya confundido desde el principio. Puede que después de todo, la amante sea yo.

Me hablaste de ella al poco tiempo de conocernos. Qué idiota al no ver lo que tenía delante. Era tan obvio... Creí que podría ocupar un lugar en tu vida. ¡Tampoco desplazarla! En aquellos momentos ya era consciente de que ese objetivo estaba fuera de mi alcance. Algo imposible. Sólo quería saber que era importante para tí. Y puede que lo sea... Pero no lo suficiente. No tanto como para que te sinceres conmigo, para que me hables de lo que te preocupa, para que me digas lo que sientes. Por lo visto no tengo ese papel.

No te pido que la dejes, sé que no podrías. Ella era y es tu pasión. Sólo puedo pedirte que me la presentes y me la dejes de vez en cuando. Yo también tengo cosas que hablar con ella.