Saturday, 2 August 2008

Life on Mars.

Se marcharon hace mucho. Dejaron todo lo que tenían aquí y se fueron buscando un sitio nuevo. Pero sólo unos pocos, nada más los que podían permitirse el viaje. Pasando el tiempo, los millones que quedaron se murieron progresivamente. La falta de comida, de lo mínimo para subsistir, fue acabando con ellos.

Como sólo los pudientes se marcharon, las finanzas dejaron de funcionar. La bolsa, los bancos, incluso dejó de emitirse moneda. Ya nadie quería esos trozos de metal mugrosos ni esos papeles repasados por miles de manos. El intercambio de productos se fue imponiendo y ya sólo se cambiaba algo que tenías por algo que necesitabas. El papel higiénico por la sal, ambos productos de primera necesidad. El trueque había vuelto.

Las fábricas se desmoronaron. Sin nadie que las mantuviera a flote, sin nadie que comprase ni que vendiese ¿para qué seguir fabricando? Las maquinarias se vinieron abajo y la producción se detuvo por primera vez de forma definitiva desde el siglo XIX. Los productos disponibles en las tiendas y "en stock" se agotaron rápidamente. Nada salía al mercado porque no había ningún mercado. Ni comida, ni libros, ni ropa, menaje, muebles o aparatos electrónicos. Ni siquera había luz, teléfono o agua corriente. El siglo XV había vuelto.

Nadie sabía de nadie que estuviera a más de mediodía de camino. Las comunicaciones habían muerto y sólo quedaba el papel. Y enseguida ni eso. Comenzó a faltar. Su reutilización se convirtió en norma, y se asaltaron toda clase de edificios gubernamentales para obtener papel sobre el que escribir. El servicio postal seguía funcionando. No había sellos ni buzones. Al principio un tipo en furgoneta aparecía en las plazas y esquinas más populosas para recoger el correo y llevarlo a su destino, pero la gasolina se terminó rápido y tuvierno que recuperar el servicio con carros de bueyes. Distancias de dos días en coche pasaron a ser de dos semanas en carro.

Todo el mundo volvió al campo. La ciudad era una masa inerte, una mole improductiva, inútil. En el campo se podía producir algo. Aquí muchos murieron de hambre, sobre todo vegetarianos, pues la ausencia de suplementos vitamínicos, soja, tofu y derivados que hasta entonces habían completado su dieta habían desaparecido. La contaminación del suelo y del agua, la ausencia de insecticidas y la ignorancia malograron muchas cosechas, y sólo los que aprendieron de sus errores y tuvieron suerte con sus tierras pudieron salir adelante. Ahora se cambiaban verduras por carne, alimentos que necesitabas por alimentos que producías. Mantener una dieta lo más completa posible era una tabla de salvación, sólo así podía estarse a salvo de los millares de enfermedades que campaban a sus anchas. Ancianos y niños fueron de los primeros en caer. Los médicos nada podían hacer. Sin medicinas ni material con el que trabajar, perdieron muchas vidas. La ciencia médica había caído en la comodidad de la tecnología y los conocimientos tradicionales en los que se había basado estaban olvidados. El siglo V había vuelto.

Sin encargados de limpieza y mantenimiento, las ciudades, carreteras y zonas verdes empezaron a confundirse. La vegetación recuperaba el terreno perdido y enterraba los restos de la civilización. La gente que quedaba se desplazaba a pie, y los que tenían suerte, a caballo. Era necesario desplazarse, había que dar descanso a las tierras de cultivo y los cambios de estación hacían imposible permanecer en el mismo lugar todo el año. Además, las edificaciones hacía tiempo que se habían derrumbado y resultaba más práctico fabricar lugares para resguardarse de forma temporal. Así se aprendió a aprovechar todo lo que se consumía. Se descubrió que igual que se utilizaban casas temporales, se podían utilizar herramientas temporales evitando así cargar con ellas durante los desplazamientos. El Paleolítico había vuelto.

Mi abuelo me contó todo esto, tal y como a él se lo había contado el suyo, cuando era niño. Siempre terminaba diciéndome que desde que se descubrió que había agua en Marte, se había llevado en secreto un plan del gobierno de colonización del planeta rojo por parte de la élite mundial. Y ahora yo te cuento esto a tí, Kenkesner Jasú, para que tú se los cuentes algún día a tus hijos y a tus nietos, para que por lo menos nuestra huella no se pierda. ¿Quieres dejar el palo en paz y acerme caso? Ains, esta juventud...

6 comments:

Carabiru said...

Hummmmm... y si resulta que eres profeta?
Hummmm creo que voy a prestar más atención a cómo planta mi abuela las cositas y cómo se recogen y todo eso...

Premaswarupa said...

:) esto está muy bien chica ^_^
Como siempre es un placer leerte.
Un beso desde este lado de la orilla.

Pablo said...

Muy bueno.
Un beso.

Evitadinamita said...

Siempre me hace flipar esta imaginación tuya...¡desde luegoooo!!! ¡mira que eres agoreraaaa!! ¿en qué te basas pa predecir estas cosas??
¡En las noticias frikiastronómicas de Público!!
Y mientras tanto...ya sabes...
Tranquilos, majetes que somos, en nuestro sillón.
Una gran aportación a nuestras adormiladas e irresponsables mentes. Me has hecho recordar la lectura de "un mundo feliz", gratíiisimo relato de ciencia-ficción que recomiendo.
Un besote desde la isla lunar! =)

Fet said...

"Afortunadamente, el cañamo se reproduce con gran facilidad y se recogían ingentes cantidades de hindu kush. Al terminarse el stock de Smoking y OCB sobrevino una terrible ola de suicidios..."

Tale said...

Es más o menos como el principio de "memorias encontradas en una bañera". Pero hecho a posta.

De todas formas yo creo que se pirarían a Marte a montar sus chaletitos adosados dejando aquí toda la maquinaria productiva de esclavos manteniéndoles para al mismo tiempo poder distraerse mirándolos por un telescopio.