Thursday, 12 April 2007

Answers.





Despertó confusa, no sabía muy bien dónde estaba, pero bastó con incorporarse para que todo lo sucedido el día anterior acudiera a su cabeza... La persecución, el encuentro, la conversación, el viaje, la visita al director de la facultad y el gustazo de la comodidad del colchón tras un día de agotamiento físico y mental.

Mientras se preparaba para darse una ducha que terminase de despertarla, recordó lo que le contó Arturo durante el viaje. Elena tenía un montón de preguntas que hacer sobre aquel trabajo que llevó a su madre a China, y mientras llegaban a su destino fue aclarándole todas sus dudas.


**********


Era muy joven cuando conocí a tu madre, sólo un muchacho interesado por la Historia e impresionado por los descubrimientos que había leído, fascinado por toda aquella imagen aventurera que a mí me parecía que tenía este mundo. Ni siquiera había terminado la carrera cuando entré en el departamento de la facultad como ayudante. Quizá ayudante sea demasiada categoría... digamos que colaboraba allí y a cambio me empapaba de todo aquello.

Recuerdo que hablaba a menudo de tí, que dentro de poco empezarías tu propia vida marchándote a la universidad, de tus dudas sobre el futuro, y de la rabia que le provocaba perderse todos los cambios que estabas viviendo mientras ella se enterraba entre archivos a desenterrar el pasado. En esos momentos siempre reflejaba tristeza, pesadumbre. No sé si a fin de cuentas le compensaba, o es que nunca le quedó otro remedio, pero me daba la sensación de que ella misma hacía balance de su vida y no parecía muy satisfecha.


Podrás pensar que peco de presuntuoso al valorar lo que ella pudiese sentir o pensar, pero sólo puedo darte mi opinión. Y verla allí, con esa expresión en su cara, el tono de su voz... Tenía la impresión de una resignación amargada, como si no hubiese podido escoger otro camino para su vida y que si tuviese la oportunidad de volver a empezar, habría hecho las cosas de otra manera.
Pero el caso es que, a pesar de todo aquello, retomaba el trabajo con un encogimiento de hombros y cierto optimismo ante el futuro, con la confianza de quien sabe que el mañana que le espera es mucho mejor que el presente que vive.

Con ese optimismo se agarró a esta investigación. "La última..." solía decir. Como ya te conté, pasó diez años trabajando y estudiando el tema, repasando informes anteriores de otros equipos norteamericanos, japoneses y franceses, compaginándolo con estudios, conferencias y colaboraciones en distintos medios científicos del ramo. Quizá si se hubiese dedicado de pleno a ello, habría podido finalizar la investigación ella misma.


El no poder dedicarle el tiempo suficiente y por supuesto el no poder descifrar los documentos originales, porque desconocemos la lengua y la escritura mongolas, no ya de aquella época, sino de cualquiera, nos obligaba a recurrir a distintos expertos. La colaboración implica dedicación y tiempo, y todos tenían repartida su atención en diferentes frentes, lo que ayudó aún más a retrasar el trabajo. Era muy difícil reunir a la gente adecuada el tiempo necesario, y cuando se trataba de analizar o traducir algo, nuestra petición podía ser una más de la lista.
Diez años tardamos en reunir lo que llevamos en este envoltorio.

Al final, como te dije, consiguió hacer un informe brillante con todos los descubrimientos de aquellos años y un permiso para ir a China a recuperar los relatos de Qiu Chuji. Aquel viaje y los días que pasamos allí no los olvidaré jamás...




No tardaron mucho en llegar al aeropuerto, tampoco podían perder tiempo en hacer maletas, así que pudieron coger el primer vuelo con destino Gatwick, y una vez allí, vía Victoria Station estuvieron en Oxford enseguida.
- Primero llevaremos esto al profesor Milphicson, - dijo señalando el paquete - después ya veremos.

Era ya bastante tarde cuando entraron en el despacho del profesor. La habitación estaba forrada con estanterías de madera noble repletas de libros, y tenía dos ventanales en el frente opuesto a la entrada y en medio de ellos, una chimenea de leña. A la derecha de la puerta había enfrentados entre sí dos sofás, aparentemente cómodos, y una pequeña mesa de cristal en el centro, todo ello sobre una alfombra de pelo muy corto. Al otro lado de la habitación, un escritorio de corte clásico y dos butacas livianas para las visitas, de nuevo todo sobre una alfombra.

- Siéntense, por favor.
- Profesor, le presento a Elena Quiroga.
- ¡Vaya! ¿La hija de Sandra? - Arturo y Elena asintieron al mismo tiempo - Encantado, querida. Debo decirle que la colaboración de su madre con esta Facultad, y en particular con el departamento que dirijo, ha sido fundamental para lo que es hoy esta institución. Le estaremos siempre agradecidos, y la dedicatoria que lucirá el nuevo pabellón me parece poco reconocimiento, he de confesarlo.
- La verdad es que trabajó en tantos sitios, que desconozco en cuántos y qué fue lo que hizo exactamente en cada uno. No pasábamos mucho tiempo juntas, y cuando lo estábamos, no hablábamos del trabajo de ninguna, sin entrar en detalles me refiero. Pero le agradezco el reconocimiento en su nombre.
- No tiene porqué, es lo mínimo que podíamos hacer. ¿Les apetece tomar algo? - a la izquierda del escritorio, junto al ventanal había un pequeño mueble-bar. Arturo no tardó en poner la documentación sobre el escritorio.
- Aquí está todo.
- Perfecto, perfecto.
- He de advertirte de algo. Varios hombres esperaban a Elena a la puerta de su casa y estuvieron persiguiéndola un buen trecho. Por la descripción que me ha dado, sin duda era Juan.
- Hummm... Habrá que andarse con cuidado... Si la esperaban, es que sabían que el paquete estaba allí. Me temo que podemos imaginar qué le pasó a Roberto...
- Sí...
- ¿Podrían explicarme quién es ése tal Juan y qué tiene que ver Roberto en todo esto?
- Bueno, se podría decir que conocimos a Roberto por casualidad. Se presentó a un curso que daba la facultad, y una tarde charlando con nosotros mencionó a Sandra. No nos sorprendió, porque mucha gente la conoce, pero sí la familiaridad con la que hablaba de ella. Ahondando un poco supimos que sus padres y ella eran amigos de la infancia, y que pasaban muchas temporadas juntos. Le expusimos el problema de la documentación que nunca nos llegó, le contamos toda la historia, y comentó que hacía como un año, poco después de la muerte de sus padres, llegó un paquete a la casa familiar con muchísima información y archivos antiguos. Era lo que estábamos esperando y que por algún motivo que todavía desconocemos, Sandra no nos envió directamente, sino que se lo mandó a Roberto. Desgraciadamente, no hemos podido hablar con calma con él para averiguar nada más. Y sobre Juan... Bueno, es un viejo conocido de Arturo...
- Juan no es nadie, un pobre desgraciado que no ha sabido qué hacer con su vida, que la ha echado a perder por ambición y avaricia, no es más que un vendido. - Arturo parecía haberse enfurecido en un instante con la mención de Juan.
- Sí, bueno... Pensamos que Sandra no nos mandó el paquete porque sospechaba, o de hecho sabía que alguien de nuestro propio equipo nos estaba traicionando. Quizá por eso decidió enviar la documentación a Roberto, alguien de confianza para ella pero que no tenía nada que ver con su vida laboral, por lo que sería difícil relacionarlos.
- Ya veo, y él trataba de hacérselo llegar a Arturo... Lo que no entiendo es lo que quiere ese Juan del trabajo de mi madre ¿por qué le interesa tanto?
- A Juan no le interesa el trabajo de Sandra, le interesa el dinero. Sólo eso.
- Bien, dejemos de lado por un momento ese asunto y veamos lo que han traído.







2 comments:

Tale said...

Nueva entrega y nuevas respuestas y nuevas preguntas.

Así que en Mongol Clásico, eso debe mejorar las cosas, imagino (un día te he de comentar algo del PIE*). Eso sí, me quedo sin saber en que soporte estaba escrito y cómo se ha conservado.

Por cierto el enlace http://www.qiuchuji.org/tale-eng.php no tiene nada que ver conmigo (o tal vez sí) XDD

Y bueno, veremos lo que han traído

Besos

Tale said...

(*) PIE = Proto Indo Europeo

(se me olvidó)