Tuesday, 3 April 2007

Mongolia

Durante más de diez años, Sandra consultó libros, estudió informes, analizó documentos y escrutó todo vestigio que pudo encontrar, sin encontrar muchas novedades. Todo aquello que en principio parecía un hallazgo, estaba registrado en alguna parte de unos de los muchos puntos de referencia que aún no había visto.

Una tarde, cuando ya había anochecido y habíamos decidido dar por terminado el trabajo del día, guardando la documentación se fijó en un pequeño detalle. En la parte inferior derecha de un documento había un borrón. No es que no lo hubiera visto antes, sino que ahora apareció ante sus ojos con una luz distinta. Lo que en un principio fue descartado como una mancha de tinta, ahora asemejaba una firma. Sandra pensó que podía llevarlo al laboratorio, fotografiarlo y ampliar la imagen hasta hacerla inteligible.

El documento del que te hablo era una carta, hasta aquel momento sin firma, con fecha de fines del s.XIII, en la que alguien comentaba sobre la situación del granero de un monasterio, las condiciones de vida que poseían sus miembros y pequeñas anécdotas sobre el viaje del remitente, el cual menciona su precario estado de salud y varias disposiciones a tomar llegado el momento de su muerte. Al parecer se trataba de un monje de cierto rango dentro del monasterio, el cual sabemos que está situado muy cerca de Kashi, en la actual provincia de Xianjiang, al oeste de China.
Los resultados del laboratorio tardaron en llegar (ten en cuenta que te estoy hablando de los setenta), pero eran justo lo que Sandra esperaba. Aquella carta llevaba la firma de Shi'an WuTxieng, líder de la secta monástica sincretista Ch'üan-cheu, que mezclaba el budismo, el taoísmo y el confucionismo, y no sólo eso, sino que concretaba las instrucciones que los monjes debían seguir tras su muerte localizando el lugar de su enterramiento.

Sabiendo que los líderes de la secta heredan de su antecesor toda la documentación, mientras que entregan a su sucesor la propia, y que en su tumba se entierra con él la herencia documental, teníamos localizado el lugar donde se hallaban los escritos de Ch'ang Ch'un, no sólo líder de la secta, sino miembro de la escuela filosófica Tch'and-Tch'ouen (Eterna Primavera), originaria de Afganistán. La importancia de
Qiu Chuji, como también se le conoce, más que por sí mismo, radica en la trascendencia de sus distintos encuentros con el Khan mongol poco antes de la muerte del Conquistador asiático.

Con una prueba que podría parecer insignificante, Sandra logró construir un informe preciso, contundente y tremendamente revelador en el que proponía una revisión de todos los trabajos de campo realizados hasta el momento en aquella zona, pues debido a una mala recopilación y sistematización podían haberse perdido muchos datos, y a una acometida de la supuesta tumba de Shi'an WuTxieng para averiguar si efectivamente guardaba los escritos de su antecesor. Con ese informe consiguió todos los apoyos de la Universidad y del Estado para iniciar la parte práctica de nuestra investigación.

Se puede decir que la parte fácil estaba hecha, pues no sería sencillo entrar en China, y mucho menos realizar una investigación en su suelo. En los últimos años de la guerra fría, estando las cosas como estaban allí y aquí, no era muy prudente por nuestra parte meternos en semejante... berenjenal, por decirlo así. Así que podíamos estar contentos con la semana de plazo que nos dieron para la investigación.

Por supuesto, hubiésemos necesitado años para hacerlo correctamente, pero el gobierno chino no estaba dispuesto a tener un puesto de occidentales haciendo a saber qué cosas. La negociación fue dura, pero al final consiguieron arrancarles ocho días, a costa de un recorte al mínimo de nuestra investigación. No podríamos revisar los trabajos anteriores, cuyas zonas estaban siendo inspeccionadas por equipos gubernamentales, supongo que a la caza de cualquier indicio de espionaje, pero nos permitían ir a la tumba y realizar la excavación. Siempre bajo vigilancia, evidentemente.


- Me estás diciendo que fuísteis a China, que buscásteis la tumba del monje, que encontrásteis los documentos y que volvísteis ¿¿en ocho días??
- No, tuvimos que volver en seis días. Aquello terminó siendo insufrible, lo último fueron los ataques por aire.

Elena no salía de su asombro. Sabía que su madre había vivido muchas cosas, pero aquello parecía más una invención que la realidad. Escuchar toda esa historia le estaba dando una visión de Sandra, no de su madre, y eso era nuevo. No es que la tuviera idealizada, pero el hecho de que no hubiese tenido mucho contacto con ella por culpa de los viajes, primero de su madre y después de las dos, y de que fuese bastante reservada, unido a las críticas y elogios del mundillo, envolvían en un manto de misterio a aquella mujer.
Enterarse de detalles de la vida de Sandra que ignoraba de manos de un desconocido era realmente paradójico. Sin embargo, aquel hombre parecía saber mucho sobre ella.

- Bien, ahora que ya te he contado la historia, ha llegado el momento de separarnos. Ha sido un placer, Elena - le tendió la mano y ella, aún pasmada por lo que acababa de decir tardó un poco en reaccionar. - En fin, ya nos veremos. - Se disponía a coger el paquete y marcharse.
- Un momento,- Arturo se volvió - ¿No esperarás que ahora dé media vuelta y me vaya a casa? - Se había quedado de pie casi a medio girar sobre sus talones y sin saber qué contestar. - Estás muy equivocado. Sea lo que sea lo que vayas a hacer con eso, quiero participar.
- ¿Qué? ¿Estás loca?
- No he estado más segura de algo en mi vida. Además, no creo que pueda volver a casa...
- ¿Y eso?
- No te dije toda la verdad. Es cierto que no me siguió nadie... pero porque pude perderles.
- ¡¿Por qué no me lo habías dicho?!
- No creí que fuera el momento...
- Más bien estabas deseando saber y querías evitar preguntas.
- Es posible, sí.- Él se acercó de nuevo a la mesa y tomó el asiento que había ocupado antes. Se le veía preocupado, no hasta el punto de reflejar angustia, pero sí lo suficiente como para inquietar a Elena.
- ¿Cuántos eran? Tres ¿Los habías visto antes? No, nunca ¿Cómo eran? - Elena describió a sus perseguidores todo lo bien que pudo, y contó detalladamente todo lo sucedido desde que saliese de su piso aquella misma mañana.
- Bueno... me temo que no va a quedar más remedio... tendrás que venir conmigo.


4 comments:

dude said...

interesante historia, pero con el salto de tiempo, me he perdido un poco.

salu2

dude said...

pues me refiero a el lapsus que hay entre la historia desde Sandra, y luego salta a la conversacion con Arturo y Elena. Creo que un pequeño prologo lo habria evitado, quizas ;

"Sin dejar de mirar sobre su hombro consiguio encontrar la cafeteria. Escudriño a los indiferentes clientes, hasta reconocer a Arturo."

o algo a si.
Me largo de viaje!!! disfruta estos dias!!!

salu2

Fétido said...

Hala. Ya está liada.

Tale said...

Esta entrada es la tercera o cuarta vez que entro a verla (y todo por el mismo precio) en los dos últimos días.

Nueva entrega de algo que empezó por una simple llamada. Me aparecen algunas cuestiones:

¿Cómo escribían los monjes en cuestión a final del siglo XIII? ¿En pergaminos? ¿En tablillas de arcilla? ¿En qué idioma? . Lo único que tengo claro es que en aquella época los blogs no se habían inventado (al menos no tal y como los conocemos hoy)

¿Seis días para lo de China? Según el año que fuera encima ni te dejaban volver a entrar aquí después de ir a ciertos países.

Quería también informarte de que en los años 70 utilizábamos los troncomóviles para acercarnos al laboratorio y hacer dagerrotipos.

Más en serio, me gusta la historia.

Besotes