Friday, 20 April 2007

The meeting.





Sus miradas se encontraron.
No sólo se miraron. Se reconocieron.
Conforme se fueron acercando, la sensación se hizo más familiar.
El sonido de su voz, acogedor, cálido, desarmaría a cualquiera.
Conversaciones eternas, sin tema concreto, hablando de todo, profundizando lo justo para comprenderse.

Sus mentes funcionaban al tempo. Eran como una maquinaria bien engrasada. No era necesario ahondar demasiado para descubrir qué pensaba el otro. No hacían falta palabras.

Los silencios hablaban por ellos.

Complicidad, confianza, una sensación de abrigo envolvía el ambiente. Estaban a gusto juntos.

¿Qué podían añadir que sus cuerpos no dijesen ya?

Roces espontáneos, risas contagiosas, miradas furtivas, sonrisas sinceras, silencios profundos llenos de significado. Era la primera vez que se veían, pero no parecían extraños... se conocían.


Habría sido imposible conseguir esa conexión con alguien a quien se acaba de conocer.

El roce de su piel le hacía estremecer hasta tal punto que todo se borraba a su alrededor. Sus manos viajaban sin destino fijo por sus cuerpos, explorando las sensaciones que su recorrido provocaban, deteniéndose admirando las consecuencias de los cambios de intensidad, creando sus formas de nuevo, como barro fresco que se deshace por el calor entre los dedos, remodelándose, amasándose con anhelo, con ímpetu, con afán por poseer esa nueva creación, con el ansia de embardurnarse de su olor. Vientres unidos, pechos agitados, espaldas sudorosas, piernas enlazadas, manos deseosas, alientos entrecortados, todo mezclado en una vorágine reproducida a cámara lenta, un juego para penetrar en su interior y estar más unidos de lo que nadie haya estado jamás.


Tras la tormenta llega la calma, y cuando la tempestad amaina, se refugian en el otro para deslizar el suspiro de la satisfacción.

La satisfacción de saber que, aunque jamás se habían visto antes, se conocían.

3 comments:

Jesús David said...

lo describes realmente bien, transmite muchas sensaciones, te felicito. Buen fin de semana. Besos!

JT said...

Precioso... y muy evocador, me da la sensación como de que ya lo he vivido. Hmmm... igual es que lo he vivido ya.

Tale said...

Me receurdas a los protgonistas de Tiempos de arroz y sal encontrándose una y otra vez a través de los siglos reencarnados en una u otra persona. Conociéndose profundamente sin haberse visto jamás en su vida. Como dice el autor, como las semillas del deinte de león llevadas por el viento. Tal vez sin estar juntas, pero sin estár nunca lejos una de la otra.

Me gustó el texto.

Besotes.