Saturday, 24 March 2007

Arturo




Los escalones crujían a cada paso. Aquello parecía que se iba a derrumbar de un momento a otro. Iba sintiendo su cuerpo en el esfuerzo, llevaba la espalda molida, y pensaba que no había podido escoger peores zapatos, pero claro ¿cómo iba a suponer que tendría que correr? Sólo había subido el primer tramo y no dejaba de darle vueltas a la cabeza... ¿Puedo fiarme de él?¿Quién me dice que no es otra persona...?¿Qué no me engaña? Sin embargo, no le quedaba más remedio que seguir adelante, llegar al final y descubrir la verdad.


8:07 a.m.


Había subido hasta el último piso. Se entreabría una puerta por la que asomaba una tenue luz. Dudó un segundo y la cruzó. Aquel lugar podía ser muchas cosas, pero precisamente acogedor no. La habitación era muy amplia, y el suelo de madera vieja, al igual que la escalera, crujía al apoyarse en él. Tuvo que acostumbrar la vista durante unos momentos, pues las ventanas estaban cubiertas por tablones y la claridad apenas entraba por las rendijas que quedaban entre ellos. Alcanzó a ver una mesa en el centro, como de un metro y medio de largo por medio de ancho, también de madera, de un tono oscuro, veteado, con las patas labradas y torneadas como si fueran columnas salomónicas. Una buena mesa que no concordaba con el entorno y que probablemente fuera lo único original que quedase en aquel edificio.

- Siéntate, por favor.

Hasta aquel momento no se había fijado en él. Haciendo un pequeño esfuerzo pudo ver que estaba de pie en un rincón, esperando. Le hizo caso y arrimó una de las tres sillas que había para sentarse mientras él, tras acercarse al otro extremo de la habitación, encendía una pequeña lámpara de pie. Ahora pudo verle. Era un poco mayor de lo que había imaginado, la imagen que había creado uniendo todos los retazos que había reunido gracias a las historias que le contó su madre. No podría haberse definido su edad sólo con mirarle, pues por un lado su ropa y su aspecto no le habrían echado encima más de cuarenta años, pero por otro, su actitud, su pose y la cadencia de su voz le habrían hecho centenario. No era muy alto, y aunque tampoco era grande, parecía fuerte, el cuerpo de un hombre acostumbrado al trabajo duro, unas facciones marcadas, la piel tostada y el pelo oscuro. Destilaba seguridad y aplomo.

Por un momento le había eclipsado la profundidad de aquellos ojos verdes y no pudo oír la pregunta que le hizo y que quedó flotando en el aire esperando una respuesta. ¿Qué? ... ¿Te han seguido? Repitió. Había salido corriendo sin mirar atrás y no sabía si los Ángeles de Charlie habían conseguido darle alcance, así que dijo lo único que podía decir.

- Está bien, no importa. Tampoco nos quedaremos mucho tiempo aquí. - Hizo una breve pausa, como si estuviera meditando el siguiente paso que debía dar - Viendo que has venido y tienes el paquete, supongo que sobran las presentaciones.
- No estaría de más. Por educación, simplemente.

Se miraron durante un segundo y... Arturo Iniesta y Elena Quiroga se estrecharon la mano.

No podría describir con exactitud qué pasó y qué sintió en ese momento, quizá fue sólo una ráfaga de aire que se coló por una rendija de la ventana, o quizá fue sólo un calambrazo, o quizá fue sólo un escalofrío repentino lo que provocó que una extraña sensación cálida y fría al mismo tiempo recorriese su cuerpo erizándole la piel. De cualquier modo, un instante después la pregunta que esperaba en el filo de su boca desde que cruzó la puerta, saltó sin poder aguantar más, ¿Qué contiene este paquete??, para salir disparadas detrás todas las que la habían asaltado desde la noche anterior y que le habían impedido dormir tranquila.

Arturo esperó paciente a que ella vaciase el cargador para responder ordenadamente a todas y cada una de ellas.
Lo que ya sabía por medio de Roberto era que contenía las investigaciones de su madre, pero ésta había trabajado en muchos sitios y había tocado muchos temas diferentes durante toda su carrera. Esa pista no era muy concreta. La recordaba en el despacho oculta entre torres de libros, montañas de papel, mapas y notas, leyendo, escrutando, escogiendo aquello que le sería útil. Recordaba cosas sobre las que hablaba insistentemente, Creta, Teotihuacán, Avalon, Mongolia... Sí, sobre todo Mongolia...







2 comments:

Tale said...

El cuentagotas a liberado una nueva gota de esta historia.
Detrás de estas detalladas descripcíones ¿puede haber un viaje? ¿una incursión en un misterio aún mayor?
¿Por qué Elena Quiroga precisamente?

Seguiremos atentos.

Fétido said...

Me ahorraré el chiste de los mongolos...