Tuesday, 31 October 2006

Metros y minutos.


Espacio y Tiempo.
Coordenadas de todo suceso. De cada cosa que pasa.
Todo ocurre en un lugar y un momento determinados.
Ya existen máquinas para conducir al ser humano a través del espacio.




Puedes escapar, marcharte, correr tanto que los pies no den más de sí, hasta que las piernas te duelan, resguardarte en otro sitio, esconderte de tu entorno, huir lo más lejos posible, viajar.

Pero no puedes huir del ayer, del hoy, o del mañana.
El pasado se fue, pero no puedes moverlo. El presente esta aquí, es ahora, o ahora, o ahora. Puedes elegir aceptarlo, enfrentarlo o negarlo, pero no puedes elegir el vivirlo. Sólo lo vives.
El futuro es incierto, quieras o no, vendrá, estés o no. Sí puedes elegir vivirlo, pero no cambiarlo, pues no sabes qué cambiar.

¿Para cuándo viajar a través del tiempo?





Hasta entonces, recuerda el ayer, vive el hoy y espera el mañana.




Friday, 27 October 2006

El paquete.




3:27 a.m.

Llevaba horas dando vueltas. ¿Qué hacía?...
¿Y si lo abro y luego lo vuelvo a cerrar...??
Roberto le había entregado ese paquete hacía horas y no dejaba de pensar en cómo y porqué se lo había dado. Cómo... La forma tan misteriosa de dárselo, ese secretismo sobre lo que guardaba... era evidente que había alguien más interesado en lo que fuera que guardase ese envoltorio... Y porqué... ésa era una cuestión que aún no comprendía. Después de tantos años, había vuelto pidiendo su ayuda. Debía de ser algo muy importante para que se atreviese a presentársele de nuevo. ¿En qué podía estar metido ahora? Alguien lo buscaba, y jamás le había visto esos nervios, esa desesperación, esa angustia que tenía transformada la expresión de su cara en... ¿miedo? Puede ser...


5:13 a.m.


No dejaba de dar vueltas. Decidido. Fue hasta el escritorio y sacó las tijeras del cajón, en ese mismo momento iba a desenvolver aquello y ver qué demonios tenía dentro. Raaassss! ¿Qué?? Joder, otro envoltorio... Aquello parecía una broma pesada, y como lo fuera, Roberto iba a arrepentirse con creces. Retiró el envoltorio por completo y pudo ver un sobre pegado al papel que cubría el dichoso paquete. En el sobre se leía "Instrucciones."
Tampoco sería tan grave leerlas... ¿no? Si lo pensaba otra vez, seguramente volvería a dejar el sobre allí y regresaría a la cama a intentar dormir un poco... pero si no leía aquello no podría pegar ojo... así que no lo pensó de nuevo y lo abrió. Sacó la única hoja que guardaba y se dispuso a leerla.
Lo único que decía era que el "receptor" Creo que soy yo... debía acudir en un taxi a la dirección que se especificaba más abajo, con el paquete y en solitario. Le sonaba esa dirección... Era un edificio abandonado que habían querido derribar hacía un par de años, pero que no pudo ser por las acciones de la asociación de vecinos del bloque contiguo, que pretendían proteger la construcción y restaurarla por su interés histórico. Sí... interés histórico... já, había pensado cuando se enteró. Lo único que querían era alimentar los rumores sobre lo que ocurrió en el edificio con las visitas "informativas" guiadas que tenían planteadas. Lo sabía muy bien porque en su día fueron a pedirle que colaborara. Ni de coña.
Pensó que tendría que ir hasta allí, pero ¿le estarían esperando...?¿Sabía Arturo que tenía el paquete y que no sería Roberto quien aparecería...? Dijo que llamaría temprano... Si le había dicho que llamaría es porque Arturo ya sabía quién tenía el paquete... ya sólo era cuestión de esperar hasta que sonase el teléfono. Debía intentar dormir un poco, pero sabía que con esos nervios encima no iba a poder. Así que se sentó en la butaca que tenía cerca de la ventana del salón a esperar esa llamada. Sin darse cuenta empezó a recordar qué era lo que sabía de Arturo. Jamás le había visto. Sólo sabía de él por lo que su madre le había contado.

- Es estupendo. Trabajador, culto, honrado, cercano... Amable, leal, una persona con unos valores firmes, fiel a sus principios y a la gente que quiere... Se podría decir que es un hombre que se ha hecho a sí mismo... Te sonará muy típico, pero es cierto.

Nunca le dijo nada concreto. Dónde nació, cómo le conoció ella, el color de sus ojos, nada... Pero, le hablaba tanto de él, que era como si le conociese de toda la vida. Y ahora, al fin, le vería. No eran precisamente las mejores circunstancias, pero ya nada se podía hacer.


7:09 a.m.


El teléfono le despertó. Se había dormido y ni se había dado cuenta.

- ¿Sí?
- ¿Tiene el paquete?
- ¿Quién es usted?
- ¿Roberto no le dijo que le llamaría?
- Eeeh, sí, sí. Dígame.
- Está bien. Ábralo y mire dentro del sobre. Esté en esa dirección a las 8. No falle.

Y colgó.
No tardó nada en prepararse.
Nada más cerrar la puerta, oye detrás de sí una voz, chirriante y desagradable, que le dice Eh! Se gira y ve a tres tipos en el rellano. Dame ese paquete. El que habló era un tío bajito, pelirrojo, y se notaba en su actitud, en su tono de voz, que era un prepotente y un altanero, y en el hecho de que llevase puestas unas gafas de sol, un estúpido. Los otros dos, la pesadilla de todo sastre: dos armarios enormes con bultos musculosos por todas partes, uno moreno y uno rubio, para hacer honor a la canción, apostados detras del pelirrojo. Iban los tres muy trajeados. No tengo todo el día. Dámelo.Seguramente eran los que perseguían a Roberto, así que no podía fiarse de ellos, en realidad ¿de quién podía fiarse? ¿Tan importante era aquello?

- No quiero tener que hacerte daño, así que será mejor que colabores. - El paquete era poco disimulable, porque, a pesar de ir dentro de una mochila, el peso lo delataba.
- ¿Quién eres?¿Por qué iba a darte nada?
- Eso no te importa, y te conviene dármelo si no quieres pasarlo mal.- Me parece que no, aunque parezcáis los Ángeles de Charlie, no me dáis confianza.

No reaccionaron hasta que alcanzó la escalera sur y comenzó a bajar por ella a trompicones. Estaba claro que el peso del jodido paquete le retrasaría y esos tipos acabarían por alcanzarle. Cuando salió a la calle corrió todo lo rápido que pudo, con toda la fuerza que le dieron las piernas... sin mirar hacia atrás... cada zancada le costaba horrores... se le agitaba la respiración cada vez más al oír sus pasos coreados por los de sus perseguidores... le pisaban los talones... ¡su salvación!¡Un taxi! No dudó en subir a él e indicarle la dirección.
¡Deprisa, deprisa!
No podía dejar que le atrapasen.


7:57 a.m.

El edificio estaba tal y como recordaba. Aún no habían comenzado con las tareas de restauración y se veía abandonado. Era casi la hora, así que no lo dudó más. Empujó el portón principal y éste se abrió con dificultad, arrastrándose por los polvorientos tablones del suelo. El aire estaba viciado, y todo oculto por una espesa sombra, apenas se distinguían las formas allí dentro... Supongo que tendré que acostumbrar la vista... Se adentró aún más y pudo ver el comienzo de la escalera a mano derecha, justo enfrente, un mostrador tras el que se situaría en sus tiempos un portero, y a la izquierda, una puerta cerrada con un letrero: "Trastero".

Allí estaba, de pie, sin saber muy bien qué hacer. ¿Subía las escaleras?¿Iba a la parte trasera del mostrador, al cuarto del portero?¿Esperaba una señal?¿Se acercaría Arturo?¿Cómo sabría que era realmente él? Mientras pensaba en ello, escuchó un silbido. Se asomó al hueco de la escalera y vio una figura asomada por la barandilla, en el último piso.







- Te esperaba. Sube.

Tuesday, 17 October 2006

Volveremos...

Después de la publicidad.
Hasta entonces, pásenlo bien.





P.C.: Ya aprendí a poner vídeos ^^

Wednesday, 11 October 2006

Al andar se hace camino.




Primero fue sólo una adicción, algo a lo que se acostumbró, y que con el paso del tiempo llegó a necesitar. Una droga, un vicio del que no podía prescindir. Años con un cuelgue inconsciente.
Hasta que se dio cuenta de lo dañino que era, de los horribles efectos de dependencia, de falta de libertad, de anulación total de la posibilidad de crecer y ser una persona adulta, del dolor que le producían. Era veneno. Un veneno tan potente que sólo con olerlo destruye el cuerpo y el alma.
Ahí estaba otra vez. Esperándole. No recordaba cuántas veces había estado así, pendiente de una puerta por si por fin la cruzaba y se sentaba a su lado. ¿Hasta cuándo seguiría haciendo el imbécil?¿No has tenido bastante?¿Por qué te haces esto...? Mffff... Ya es inevitable.

Media hora. Dos horas. Esto era demasiado. Me marcho.
- ¿Me cobra el café? - De repente se abre la puerta. Ya llegó.

Refleja cansancio, pero su cara se llena de esperanza al verle. Se acercó hasta allí y permaneció de pie hasta que recibió el gesto de cabeza que le indicó que se sentara.
No hizo ademán de acercarse para estrecharle la mano, darle un abrazo o siquiera un beso. Después de tantos años sin verse, habría sido lógico, pero no en su situación. En la situación en la que se encontraban ambos. Lo más que hizo fue dibujar una leve sonrisa de satisfacción porque estuviera allí, porque hubiera acudido a pesar de todo. Cuando llamó tenía la seguridad de que acudiría, pero al retrasarse, sospechó que no le esperaría.
Pero no fue así. Allí estaba.

- ¿Qué tal estás?
- Bien, dentro de lo que cabe. - No era necesario ningún preámbulo. ¿A qué estaba esperando para decirle qué quería a estas alturas del partido? - Bueno, dime ¿qué ocurre? Me tienes en vilo.
- Necesito tu ayuda. Es por trabajo, no te preocupes.
- No lo hago. Pero tu trabajo no tiene nada que ver con el mío, así que no sé...
- Lo sé, por eso nadie vendría a buscarte - Su gesto era de preocupación y angustia, pero por otra parte, de cierto alivio por encontrar lo que parecía una salida. La cosa se estaba poniendo misteriosa, y algo que no soportaba eran los misterios... y la gente que se las da de misteriosa. - Quiero que te hagas cargo de un paquete. ¿Lo harás?
- Espera un momento. ¿Un paquete...? ¿Qué clase de paquete?... ¿Quién vendría a buscarme por hacerme cargo de un "paquete"? Ya sabes que no me gustan los misterios... ni que me mientan.
- No voy a mentirte. Al menos... esta vez no.
- Eso espero - Ya me has hecho demasiado daño - ¿De qué se trata?
- Necesito que tengas esto, y que te encuentres con la persona que te llamará mañana temprano - Sacó un enorme paquete de la mochila que traía consigo y se lo pasó por debajo de la mesa. Era rectangular, y pesaba una tonelada, kilo arriba, kilo abajo - NECESITO que hagas esto por mí. No puedo confiar en nadie más... por favor.

Le miró a los ojos. Esos ojos castaños suplicantes que en otra época y en otras circunstancias habían conseguido trastornarle, y que, si seguía observándolos, le conducirían a una esclavitud de la que consiguió escapar con mucha dificultad. Desvió la mirada hacia el paquete que ahora tenía entre sus manos.

- No puedo aceptar sin saber qué se está cociendo aquí... ¿Qué pasa? Me dijiste que no me mentirías. Cuéntame, vamos.
- Está bien, está bien. Preferiría que supieras lo menos posible, no quiero ponerte en peligro. Tú sólo tienes que tener esto hasta que recibas esa llamada, encontrarte con esa persona y entregárselo.
- ¿Me utilizas de mensajero...? ¿Sabes que el mensajero es el primero que muere en todas las películas? Con algo de información ya no sería un simple correo... - No podía quedarse sin saber.
- Se trata de la investigación de tu madre. - ¿Qué? - Encontré lo que ella buscaba antes de morir. Pero no sólo lo quería yo... ahora saben que lo tengo y vienen a por mí... tampoco puedes quedártelo porque podrían encontrarte... por eso tienes que entregárselo a Arturo cuando le veas. Prométeme que lo harás... PROMÉTEMELO.
- Vale, vale, tranquilízate. Lo haré. - Arturo... ¿qué tenía que ver él con todo esto?

No tardó mucho en despedirse, lo único que le dijo antes de salir por esa puerta fue que no fallara a la cita, que era necesario que Arturo tuviese ese paquete con él.

Esta vez sí le dio un abrazo. No sabían que sería el último.
Ahora sólo quedaba esperar.





Esperar y ver hacia dónde le conduciría este tren.

Tuesday, 10 October 2006

Se hace camino al andar.



Tanto trabajo para nada.
Ahora se acercaba el invierno y debía centrar la atención, no podía permitir que pasara más tiempo sin conseguirlo, pues tenía unos plazos que cumplir. El libro debía estar acabado para mediados de Diciembre y aún tenía sólo unos esquemas, nada concreto.
Era una historia difícil de contar. Necesitaba información, contrastar datos, buscar en archivos, una buena dosis de paciencia, tranquilidad y paz a su alrededor para la redacción.
Pero no sería así. Parecía que hacía falta que necesitase que su vida fuese aburrida, para que no lo fuera. Complicaciones era lo último que necesitaba. Su carrera y su futuro dependían de ese libro. Lo había puesto todo en ello y el editor se lo había dicho.
Había sido tajante.

- Mira, después del primer cuento que publicamos, la editorial esperaba algo más. Ya he mostrado tus otros trabajos y ninguno ha convencido. Si no te esfuerzas con éste, me temo que será el último que te coja para revisarlo.

Así que no lo pensó dos veces. Aquella historia que rondaba su cabeza desde hacía años, pero que nunca se atrevió a plasmar, podría ser su salvavidas. Ahora o nunca.
Sacó del cajón del escritorio sus amarillentos esquemas y empezó a revisarlos. Necesitaría unos retoques, pues había ciertas ideas que ya no le parecían tan buenas, pero en esencia, era la base sobre la que trabajaría. Ahora había más medios a su alcance para hacerse con la información que buscaba, ya que no quería quedarse con la superficialidad de una historia infantil. Deseaba algo más profundo.

Comenzó la recopilación: diccionarios, enciclopedias, atlas, bibliotecas especializadas y archivos. Hizo acopio de información, realizó fichas, esquemas y resúmenes de todo aquello que le interesó y estableció el cuartel general en su salón. Allí, sobre el escritorio, lo dispuso todo: información, ordenador y café.
Se dirigió al equipo de música y puso algo relajante, que le ayudara a concentrarse, se sentó y, tras ordenar los esquemas, se dio cuenta de que no necesitaba nada más. Todo estaba listo.

Un estruendo cruzó la casa.
Un poco más y se le salía el corazón por la boca.

Maldita sea. Había olvidado desconectar el teléfono.
¿Quién demonios será?

- ¿Sí?
- Soy yo, Roberto.
- ¿? ¿Pero qué...?
- Necesito hablar contigo. Es importante... Urgente... que hablemos.
- ¿Urgente...? Hace años que no sé de tí y me llamas así... ahora...
- Lo sé... Pero NECESITO que nos veamos. En el café, en media hora.
- ¿...? ... ¿Estás en la ciudad...?
- Date prisa, por favor.


Y tal y como escuchó su voz, dejó de hacerlo. El escalofrío que recorrió su cuerpo la primera vez volvió a sentirlo de nuevo. Tantos años, y venía a llamarle ahora... justo cuando no podía distraerse, cuando nada podía apartarle del trabajo.
Pero, había notado mucho nerviosismo en esa conversación.
Intranquilidad.

¿Qué puede querer?


Mierda. Tenía que averiguarlo.





Friday, 6 October 2006

Alcatraz.


¿Cómo escapas cuando la cárcel está en tu interior?


¿Qué haces si tú eres tu propia cárcel?





Necesito un plan de fuga.
Ya.